El siglo XXI ha traído cambios antes impensables en la vida de los seres humanos. Especialmente desde el campo tecnológico y digital. Y, partiendo desde allí, es que el financiero ha mutado. Hoy se vive una revolución en las formas de intercambio gracias a las criptomonedas y la pregunta es ¿cómo utilizarlas?

Esta moneda se encuentra en crecimiento desde hace más de una década. En Argentina ha ganado una importante popularidad recientemente y cada vez son más las personas que optan por adquirirla, aunque una buena parte continúa con la incógnita acerca de su valor y uso. En este artículo se explicará qué es, para qué se utiliza y cómo. 

Las criptomonedas, la nueva economía digital

Como bien introduce el subtítulo, estas monedas se desarrollan y son exclusivas para intercambiar dentro de la economía digital global. También, pueden ser encontradas con otros nombres como criptodivisas o criptoactivos.

El prefijo de la palabra, cripto, refiere al intercambio de dinero digital a través de la criptografía cifrada, cualidad que implica mayor seguridad en la operación. Ese intercambio de criptomonedas se registra en una base de datos compartida mundialmente completamente trazable llamada blockchain.

Como se habló en uno de los artículos anteriores de este blog, el blockchain garantiza la seguridad, la descentralización, claridad para todas las partes -independientemente de tener más o menos capitales- y la accesibilidad a los registros a toda hora en cualquier parte del mundo.

Esta transparencia en la que se manejan las criptomonedas es lo que las ha vuelto poderosas competidoras de las divisas regulares de cada país. Cada transacción se archiva en una base de datos que cuenta con claves públicas del remitente y el destinatario y la cantidad de monedas transferidas. Las partes que realizan la operación son las únicas que la marcan como legítima y cada nodo de la red la deja asentada en su base de datos.

La base de datos no corresponde a una reserva guardada en un lugar único y físico, como los bancos tradicionales, sino que puede ser descargada por los usuarios. Así es como todas las transacciones de compra-venta o intercambio se registran y de esta forma son rastreables y cuentan con un comprobante.

La libertad financiera de la descentralización 

En países donde la economía es un tanto incierta y volátil, las criptomonedas son una respuesta para asegurarse de que las divisas no pierdan valor. A diferencia de las monedas tradicionales, ellas no son reguladas por ninguna nación ni Banco Central, sino que son sostenidas por el valor y los consensos de los usuarios. Esto es precisamente lo que las vuelve independientes de las crisis económicas o de la inflación que puede sufrir un país. 

Por otro lado, al ser una moneda descentralizada, las criptomonedas no se rigen por ninguna política monetaria específica. El bitcoin, por ejemplo, es una de ellas y cuenta con un total de  21.000.000 ejemplares que, además, no está derivada de la emisión de ningún país.

En Argentina ya circulan criptomonedas, y se calcula que alrededor de 900.000 argentinos poseen alguno de estos activos. Incluso Buenos Aires es el segundo principal mercado de criptodivisas a nivel mundial, siendo superada por Praga. Y a ambas las sigue San Francisco, Estados Unidos, en tercer lugar según Forbes.

Esto no es más que el reflejo de las restricciones que existen en Argentina para adquirir divisas alternativas al peso nacional. Muchos usuarios de criptomonedas optan por llevar sus ahorros de esta manera y ya se encuentra operando en la capital del país a Binance, por ejemplo, una aplicación líder en la compra y venta de estos activos no tradicionales. 

Un dato importante a destacar es que en Argentina, desde noviembre de 2019, la adquisición de criptomonedas puede realizarse en “exchanges” autorizados sólo mediante transferencia bancaria y no ya a través de pago con tarjeta bancaria, de acuerdo a la disposición N°6823 del Banco Central de la República Argentina (BCRA).

¿Cómo usarlas?

Principalmente, las criptomonedas son utilizadas como reserva de valor de particulares y empresas o para realizar transacciones que se busca que queden registradas y aporten una ganancia. Por otro lado, también presentan como uso adicional la compra de productos o servicios, siempre y cuando el vendedor acepte el intercambio mediante este tipo de dinero digital.

Algunos vendedores dan esa posibilidad en plataformas como Amazon. Pero no termina allí, multinacionales como Microsoft, Dell o Apple también aceptan pagos en este tipo de activos.

Tanto para comprar como para intercambiar o gastar criptomonedas, inicialmente, se debe abrir una cuenta en una billetera digital donde depositarlas una vez adquiridas. Se trata de softwares y hardwares que permiten realizar operaciones de recepción y envío a través de blockchain y funciona a partir de códigos públicos y privados.

Tipos de criptomonedas

Al pensar en criptomonedas, lo primero que suele venir a la mente es el bitcoin por su gran popularidad. Fue una de las primeras, creada a principio de 2009 por Satoshi Nakamoto, con la visión de la libre circulación del dinero electrónico y de los pagos sin la intervención de entidades bancarias. Si bien es una de las más importantes, también existen otras como Ethereum, basada en la utilización de contratos inteligentes que permite crear “tokens” sobre su blockchain, o por ejemplo Dogecoin, Ripple y Litecoin.

Inversión cripto

Las experiencias de los usuarios que ya se unieron a esta economía suelen ser positivas. Según un estudio sobre motivaciones y preferencias de 61 mil usuarios en 178 países, el 55% de aquellos que poseen criptomonedas asegura que se trata de una estrategia de inversión a largo plazo. Los resultados también indicaron que el 65% del total tiene al menos una parte de sus criptoactivos en bitcoin.

El Índice global de criptousuarios 2021, desarrollado por Binance, refleja que el 97% de los usuarios tiene gran confianza en las criptomonedas. Lo que es más, la mitad considera este tipo de inversión como medio de ingresos. Además, los minoristas que invierten en esta moneda sostienen que es una inversión a largo plazo, que lo hacen por una desconfianza en el sistema financiero y que observan oportunidades a corto plazo.

Como se pudo ver, es sólo cuestión de tiempo para que esta innovadora forma de inversión y ahorro se establezca con total firmeza para realizar operaciones con mayor transparencia, beneficio del propietario del capital y registros que respalden su legitimidad. 

Por Ivana Zafira